Para lanzar ex itosamente un producto al mercado, hay que
recorrer un largo, y a veces azaroso camino. A continuación encontrara algunas sugerencias
que le permitirán afrontar esta tarea sin mayores sobresaltos.
*Pasos necesarios para
lanzar un nuevo producto al mercado
Percibida una necesidad a satisfacer, hay que realizar un
Estudio de Mercado que nos permitirá conocer:
Ø Las condiciones de entorno (socioeconómicas,
demográficas, cambios culturales y tecnológicos, etc.) que tornen interesante
el lanzar un nuevo producto. Como es lógico, hay que considerar las cosas
también a largo plazo. ¿Cómo podrá cambiar este escenario en el futuro? ¿De qué
manera nos afectará? ¿Cómo responderemos a eso?
Ø A nuestro cliente-meta (sus características,
hábitos de compra y consumo, modalidad de pago, ubicación, etc.) para llegar,
por ejemplo, a responder preguntas del tipo:
Ø ¿Quién
puede influir en la decisión de compra?
Ø ¿Quién realiza la compra? (por ejemplo,
dentro de una familia)
Ø
¿Quién usa realmente el producto? ¿Cuáles son sus
preferencias?
Ø A
los competidores existentes (productos
similares, su cuota de mercado, volumen de ventas, posicionamiento, canales de
distribución empleados, fortalezas y debilidades)
Ø ¿Qué
estrategias aplicarán en el futuro?
Ø ¿A
qué nuevos mercados se abocarán?
Ø ¿Qué
novedades están desarrollando?
Ø Los
productos sustitutos existentes en el mercado.
Ø
Lo que el cliente esperaría obtener del nuevo producto, cómo,
cuándo y a qué precio (prestaciones, envase, servicios postventa, etc.)
Ø
La determinación de zonas y volúmenes de venta.
Ø
La estrategia publicitaria y promocional más adecuada para llegar
al cliente-meta.
Una consideración importante es determinar FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas)
para nuestra empresa en general, hay que hacerlo para cada producto en
particular, en base a todos los datos recogidos y a las características y
posibilidades existentes al momento. Aprovecharemos las Oportunidades de
negocio que el entorno brinda, minimizaremos nuestra exposición a las Amenazas
existentes (o intentaremos cambiar una Amenaza tornándola en Oportunidad),
potenciaremos y nos apoyaremos en nuestras Fortalezas reduciendo también
nuestras Debilidades internas.
Acerca del producto en sí, lo primero que debemos
hacer es elaborar conceptos que hagan énfasis en lo que se determinó como
relevante para los posibles clientes. ¿Un detergente que quite rápidamente la
grasa, sea muy rendidor y cuide las manos, por ejemplo?
Luego volcaremos esto en el diseño de las
características y prestaciones, que será sometido al juicio de un conjunto de
potenciales clientes; éstos le compararán con las prestaciones de productos
similares de la competencia, y se analizará también si el concepto de producto
que pensamos producir satisface las quejas y reclamos habituales que no cubren
hasta ahora los competidores.
Es tiempo de pensar en el volumen estimado de ventas
y la manera de alcanzarlo. Aunque todo esto da pasó a una pregunta: ¿Es factible realizar
el producto? ¿Podemos producirlo en serie con las instalaciones y recursos
existentes? En caso afirmativo, se desarrolla un prototipo, que es
probado tanto por el equipo técnico, como por posibles consumidores.
Conociendo los costos y tiempos requeridos para su
fabricación, y estimando su volumen y proyección de ventas, podemos establecer
el margen de beneficios. ¿Será rentable?
Llegados a este punto, estamos a las puertas de poder
lanzarlo controladamente al mercado. Pero no a todo el mercado (un país, por
ejemplo), sino a una población representativa. Este "banco de
pruebas", totalmente real, nos permite predecir cuál será la suerte de
nuestro producto en la totalidad del mercado, a la par de corregir aquellas
deficiencias que se observen.
Pero probarle de esta manera también conlleva un
cierto riesgo: estamos alertando a la competencia sobre su inminente
lanzamiento masivo, y con esto le damos tiempo para contraatacar las ventajas
diferenciales.
Una vez puesto de lleno en el mercado, con el soporte
publicitario y promocional previamente definido, resta instrumentar los
mecanismos de control y seguimiento pertinentes para adecuarlo a cambios e
innovaciones a lo largo de su ciclo de vida.
Cuando queremos
relanzar un producto
En este caso, debemos partir (como siempre) de un
Estudio de Mercado que nos diga las causas que originaron nuestro fracaso
anterior, tanto en las ventas como en la aceptación del producto. A modo de
ejemplo, enumeramos las siguientes:
El producto no tiene clientes todavía: se ha lanzado
una innovación tecnológica sin que sus potenciales clientes estén
suficientemente informados acerca de sus ventajas, o estén preparados para su
uso.
No cubre una necesidad real: es más un
enamoramiento de sus gestores, que creen que será un éxito, que un satisfactor
de cierta necesidad.
Las ventas del producto no son las previstas porque
no existe tanta demanda: error muy común cuando se carece de estudios sólidos
de mercado, y se obra más por intuición de los directivos que sobre datos
contrastados.
Los clientes no perciben la diferencia entre nuestro producto,
y el de la competencia: sea por una equivocada estrategia de comunicación, o
bien por una ausencia de factores diferenciales, lo cierto es que nuestro
producto acaba siendo "uno más" de los ya existentes en el mercado.
Mala distribución: elección del canal equivocado,
desabastecimiento en puntos de venta, falta de coordinación con el inicio de la
campaña publicitaria, etc.
Problemas con el precio: el cliente no responde
bien al comparar la calidad del producto, con su precio. ¿Le considera muy caro
para lo que es? ¿O tal vez sospecha de su calidad, al ver un precio barato?
Con el tiempo, demuestra que no es rentable: múltiples causas, pero entre
ellas figura la utilización de precios muy bajos en la intención de penetrar
rápidamente, o el librar constantes guerras de precios con los competidores más
solventes y poderosos, que terminan desangrando a la empresa.
Problemas con el envase: sea porque no es
reciclable, o su tamaño o forma lo hacen poco práctico.
Problemas con la marca: puede deberse a que
sea un nombre de difícil retención, o poco sugestivo.
Fallas de diseño o producción: el producto presenta
defectos que se hacen evidentes en determinados momentos, o bajo ciertas
condiciones de uso.
Perpetuar el mismo diseño y prestaciones aunque pase el tiempo y
evolucionen las tendencias: quedarse con el desarrollo
original sin innovar ni mejorar constantemente, hace que seamos muy vulnerables
a la competencia. Salvo que nuestro producto se transforme en líder indiscutible,
apreciaremos también un descenso en el volumen de ventas.
Competidores poderosos: cuando el mercado
cuenta con competidores posicionados como referentes indiscutibles, con grandes
cadenas de producción y distribución, equipos de venta fuertemente motivados y
una considerable cuota de mercado, enfrentarles con un producto cuyas ventajas
puedan ser superadas con facilidad es exponerse directamente al fracaso. Otras
veces, el error está en no anticiparse a las estrategias de la competencia, actuando
reactivamente (y muy tarde, cuando ellos ya lanzaron una mejor oferta) en vez
de hacerlo proactivamente.
Campaña publicitaria equivocada: no se ubica en los
medios habituales de nuestro cliente-meta, o porque no destaca las ventajas
diferenciales del producto, no ayuda a un posicionamiento claro, o bien porque
fracasa en su intento de afianzar la marca.
Fuerza de venta con escaso entrenamiento,
o poco motivada: cualquiera de estas causas hará que las ventas no alcancen la
cota esperada.
Lanzamiento en el peor momento: han cambiado las
condiciones socioeconómicas, se produjo un hecho que por su relevancia en la
opinión pública dificultará la venta del producto, etc.
Canibaliza a otros productos de la empresa:
con lo que en vez de sumar clientes, los toma de los ya existentes.
Conocidas las causas, estamos en condiciones de
corregir nuestros errores, reformulando estrategias y cambiando inclusive su
posicionamiento. Para acceder a nuevos segmentos de clientes potenciales
podríamos "desnatarlo", es decir, quitar ciertas características de
alta calidad y con ello reducir su precio para tornarlo accesible a un amplio
conjunto de la población. Podríamos incluir premios o gratificaciones en su
lanzamiento, o combinarle con otros productos de nuestra gama. Si cabe,
reformular totalmente su envase, forma de distribución y publicidad, pero
cuidando siempre que el relanzamiento no afecte negativamente nuestro
prestigio, imagen y valor de marca.
Una vez en el mercado,¿ cómo ampliar la vida de un
producto?
Ningún producto puede permanecer en el mercado
eternamente, cosechando éxitos. Tiene su ciclo de vida (desarrollo,
lanzamiento, crecimiento, madurez y declinación) No obstante, es posible mantenerlo rentable por
más tiempo si:
·
Se accede a nuevos
segmentos de posibles consumidores.
·
Se amplían sus
prestaciones, mediante la innovación (telefonía móvil, por ejemplo)
·
Se motiva un aumento
en su consumo, al exponer usos alternativos hasta ahora no mencionados (con
esto se consigue vender más a los clientes existentes, y captar otros que
deseen incorporarlo en reemplazo)
·
Está integrado como
parte importante e indisoluble en el resto de nuestra gama de productos (sucede
con paquetes de software que se enlazan entre sí)
Precios: el eterno dilema*
Establecer correctamente el precio de nuestro
producto debe llevar aparejado, entre otras cosas, que:
ü
Podamos hacer frente a la competencia y sus precios.
ü
Cubramos nuestros costes y obtengamos cierta ganancia que nos
permita crecer, y no quedarnos siempre como estamos.
ü
Sea percibido por nuestro cliente como justo y en un todo de
acuerdo con el nivel de prestaciones y calidad del producto. El cliente, por
motivadores intangibles (prestigio, sentido de pertenencia, status, etc.) puede
estar de acuerdo, y de hecho exigir, que un determinado producto se pague a un
valor elevado. Tengamos en cuenta, además, que todo precio se compara con uno
llamado "de referencia"; si un CD de música vale en el comercio un
cierto monto, y una revista lanza una oferta promocional que incluye un CD
similar, a la tercera parte de su valor, el consumidor percibe rápidamente el
valor de la oferta, simplemente comparando ese precio con lo que generalmente
cuesta ese CD en el mercado.
ü
Nos permita conseguir una significativa cuota de mercado. Hay que
recordar que cada variación de precios influye en un mayor o menor volumen de
ventas. Nuestro objetivo consiste en fijar el mayor precio (siempre relacionado
con el de la competencia, y también de acuerdo a lo que puedan pagar los
clientes) para obtener con ello dos cosas: el mayor volumen de ventas posible,
y una buena rentabilidad.
ü
A veces, optemos por un precio de penetración; esto significa que
será más bajo que el establecido por la competencia. Como efecto positivo a
corto plazo, nos permitirá obtener una buena cuota de mercado; pero luego
vendrá la réplica y es probable que esto origine una guerra de precios con la
competencia, que nos debilite.
Para
terminar
La clave del éxito está cifrada en mirar siempre al
mercado, y reaccionar anticipadamente. Entregar un producto que satisfaga plenamente
las necesidades de nuestros clientes,
y de ser posible, algo más. Dotarle de eficaces servicios adicionales que
ayuden a la fidelización y refuercen el valor de marca. Aplicar el
Marketing Uno a Uno. Y sobre todo, incidir siempre en el profesionalismo y
la calidez del trato humano.



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