El nacimiento de la publicidad subliminal tal y como hoy
la conocemos se remonta al año 1957, cuando el especialista en investigación de
mercados James Vicary introdujo las frases “Eat Popcorn” (Come palomitas) y
“Drink Coca-Cola” (Bebe Coca-Cola) en el metraje de una película.
Ambas frases aparecían impresas en un único fotograma y
su duración era la suficientemente larga para que el espectador las leyera de
manera inconsciente, pero demasiado breve para que éste se percatara de ello.
Los anuncios subliminales de Vicary lograron que las
ventas de Coca-Cola y palomitas se incrementaran supuestamente en un 18,1% y un
57,8% respectivamente.
Sin embargo, después se demostró que los resultados del
experimento de Vicary estaban en realidad alterados. Análisis más recientes han
demostrado que los mensajes subliminales pueden afectar al comportamiento del
consumidor, pero sólo de manera muy limitada.
Un estudio de la Universidad de Harvard llevado a cabo en
1999 empleó un método similar al utilizado por Vicary en 1957. Los
investigadores recurrieron a un videojuego que mostraba a los participantes una
serie de palabras en pantalla durante sólo unas milésimas de segundo. A una
parte de los participantes se les mostraron palabras positivas como “sabio”,
“astuto” o “experto”, mientras que a la otra parte se les mostraron palabras
con connotación negativa como “senil”, “dependiente” y “enfermo”.
A pesar de que las palabras aparecían en pantalla sólo
durante unas milésimas de segundo, los investigadores constataron que los
participantes que vieron palabras positivas acabaron el juego
significativamente antes que aquellos que fueron expuestos a palabras
negativas.
A día de hoy sigue, no obstante, sin estar claro hasta
qué punto influyen o no los mensajes subliminales en las decisiones del
consumidor.

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