Hoy en día, la fidelización se consigue por la vía emocional,
por lo que las marcas deben de estar llenas de vida, sentido y contenido para
el consumidor. Porque en realidad, la diferenciación se busca a través de los
sentimientos, logrando conexiones que nos hagan sentir cuál es la marca de
confianza, la que merece ser elegida por los valores que genera en el público.
La publicidad se ha configurado como un excelente instrumento
para definir y descubrir las emociones de los seres humanos, y comprender por qué los mensajes captan
nuestra atención e incluso tienen el poder para influir en nuestra conducta. Las personas
no siempre toman decisiones racionales, simplemente son compras por impulso, características
de los productos; en ocasiones las aspiraciones personales o el deseo de conseguir metas que otros ya ha
conseguido, son la causa de su comportamiento.
En definitiva, la publicidad
emocional no habla del producto, le habla directo al cliente. La publicidad
emocional, busca establecer una íntima y duradera relación con público al que se dirige. Ya que la clave de
todo esto reside en que los consumidores encuentran que el mercado les satura
con muchos productos similares, mientras ellos quieren que las marcas les
proporcionen cosas especiales, que les aporten ilusión.


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