La publicidad ha tenido un problema
de imagen desde hace siglos. Ha sido objeto de muchas quejas motivadas por
diversas circunstancias. Se ha criticado duramente el uso de imágenes
banalizadas y simplificadas que no hacen justicia a la realidad en la que se
inspiran.
No extraña la actitud negativa, por parte de personas,
quienes confunden el feminismo con el hembrismo, o, misógino con machista, rechazan los esfuerzos de comunicación, y justifican su perspectiva; argumentando que
encuentran en el contenido elementos que
pueden, o no, ser perjudiciales para el público que funciona como receptor en
el proceso de comunicación publicitaria.
Otros han descubierto intenciones
inaceptables, de manipulación y fomento de actitudes poco correctas, que se
inculcan mediante procedimientos no permitidos, que llegan a los del tipo
subliminal.
Y no podemos olvidar el rechazo frontal y completo proveniente de
quienes identifican a los anuncios con valores propios del capitalismo,
específicamente, del modo de vida estadounidense. Plasmado en la bien conocida
expresión inglesa American Way of Life.
Desde la infancia y adolescencia,
las mujeres son socializadas a través de la escuela, o la familia. Pero parte fundamental del proceso de; búsqueda de
identidad, será determinada por los modelos de feminidad, y ,perpetuación de estereotipos fomentados por
los medios de comunicación. El aprendizaje de lo femenino se asocia con la
emotividad, la familia y el espacio privado, frente; al control, al poder y la
racionalidad masculinos. De esta forma la transmisión de estereotipos a través
de los medios va generando implícitamente una conciencia de inferioridad de las
mujeres, con respecto a los hombres y a la sociedad en general.
La publicidad no es fruto del azar o de la casualidad. Cada imagen, cada
plano, cada detalle son diseñados y medidos con esmero por los publicistas y
responsables de cada anuncio en cada una de sus etapas.
Todo se estudia milimétricamente
para conseguir el objetivo o el resultado perseguido. De lo que se deduce que
las estrategias publicitarias utilizan de manera consciente y premeditada la
reproducción de estereotipos de carácter sexista en su propio beneficio y
conveniencia. En este sentido, la publicidad se convierte en un marco de
referencia fundamental para el análisis de las representaciones sociales de género.
En un exponente básico de las concepciones e ideas que sobre la identidad
femenina y masculina se consideran socialmente válidas y, que se proponen como
modelos a imitar. Y por tanto, se convierte en un indicador de las condiciones
de igualdad o desequilibrio social entre hombres y mujeres en una sociedad y en
un tiempo determinado (BERNARD, 2007)




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