Una de las afirmaciones más
repetidas sobre la publicidad es que se utiliza cuando se quiere llegar al
máximo posible de público. Estrictamente esta creencia no es cierta ya que no
se trata de llegar a cuanta más gente mejor, sino a todo el público que interesa
el mayor número posible de veces. ¿Para qué gastar parte de la inversión en
llegar a aquellos que no están dispuestos o no pueden comprar el producto que
les ofrecemos? Piénsalo con una marca concreta: BMW o Versace ¿hacen publicidad
para todo el mundo?
La selección del público al se
quiere alcanzar es, junto con los objetivos publicitarios y el presupuesto, la
decisión más importante a la hora de crear la campaña. Supone elegir al público
objetivo o target, conjunto de personas con ciertas características en común al
que se dirige una acción publicitaria.
El público objetivo suele ser, por
tanto, un segmento de la población seleccionado en función de sus rasgos y con
un determinado nivel de homogeneidad.
Consumidores y público objetivo no son
términos sinónimos. De hecho la campaña puede estar dirigida a prescriptores o
a compradores que no consumen personalmente el producto. Por el momento la
publicidad de gran parte de los bienes de consumo va dirigida principalmente a
las amas de casa, no porque ellas consuman solas todo lo que compran, sino
porque siguen siendo ellas quienes deciden y llevan a cabo esta tarea en la
mayoría de las familias.
Para definir el público objetivo se
manejan tres tipos de criterios que permiten agrupar a los miembros de una
comunidad en función de características que, o bien les vienen dadas, o bien
eligen, sea por razones demográficas, económicas o psicológicas.
Criterios sociodemográficos:
agrupan a los individuos en función de variables como el sexo, la edad, su
hábitat, el nivel de estudios y su posición en el hogar.
Criterios socieconómicos:
relacionan a los individuos debido a aspectos como su nivel de ingresos, su
horizonte de consumo o la clase social a la que pertenecen.
Criterios psicográficos: aportan
razones más recientemente consideradas que completan el conocimiento de la
conducta de los individuos. Entre ellas se tiene en cuenta la personalidad, el
estilo de vida y el sistema de valores.
Nuestra conducta está determinada
en gran medida por estas variables. Si se estudia un conjunto social, es posible clasificar el
total de sus miembros en perfiles o grupos con rasgos comunes. Anunciantes y
publicitarios tienen como reto descubrir y profundizar en los datos, preferencias
y sentimientos de sus públicos objetivo. Toda la actividad de marketing debe
estar volcada en crear ofertas y mensajes que se ajusten a las necesidades, las
motivaciones y los hábitos de consumo que, en gran medida, derivan de los
criterios anteriormente citados. Así, el sector automovilístico, en el que se
encuentran algunos de los anunciantes que más invierten en publicidad, viene
lanzando modelos para conductores solteros, jóvenes parejas y sufridores de
atascos. Para que sus coches sean elegidos por este grupo han tenido que asumir
sus prioridades: poder callejear, aparcar en huecos pequeños, consumir poco,
exigir un mantenimiento sencillo y resultar económicos. A cambio ellos están
dispuestos a renunciar al tamaño y la amplitud. Con estas condiciones
Volkswagen lanza el Lupo, SEAT su modelo Arosa que sustituye al Panda, Ford la
gama KA, Renault, su Twingo y así las diferentes marcas (Smart, Fiat Seicento,
Opel Agila, Lancia Y, Hyundai Atos, Honda Jazz, Suzuki Wagon, Daewoo Matiz
...). Son los “coches urbanos”.
Las conclusiones sobre los diferentes
tipos de público objetivo tienen que actualizarse de acuerdo con los cambios
sociales que se registran. Las marcas más atentas a la realidad de la gente y a
las tendencias, suelen demostrar mayor capacidad para adelantarse a los gustos
del público.
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